Australia: Perth, Great Ocean Road y Grampians

Llega el momento de Australia.
Aterrizo en Perth y llego al hotel después de un día entero de viaje. Allí nada mas llegar conozco a unos chicos: que si que tal, de donde eres, que haces, nos vamos ahora a jugar a golf, te vienes? buff, cuando?, salimos en 10 minutos! pero es que… y hace mucho que no juego… vale va, voy!… 😉 Esa noche salgo a cenar algo, y aunque había mucho ambiente me voy a  dormir, que ya esta bien…

    Al día siguiente me reúno con Omar y Giulia, gente muy maja y acogedora, amigos de una amiga mía, que son italianos y viven aquí. Tienen un puestecito en el mercado local donde venden varios productos basados en trufa y otros preparados artesanales de su empresa familiar en Italia, muy buenos!! A mediodía se termina el trabajo y nos vamos al supermercado a comprar carne y cervezas, que nos vamos de barbacoa a la playa con sus amigos. Lo de las playas aquí es tremendo: hay barbacoas publicas a gas gratuitas (y limpias…), mesas y bancos con sombra, césped alrededor muy bien cuidado… Y nada de aglomeraciones; llegas y normalmente hay sitio para todos. Después de la comilona, una minisiesta y para casa, a descansar un poco a la fresca en el sofá, que el sol aquí pega de lo lindo. Cómo será que en los hoteles hay crema solar en el mostrador para que te pongas antes de salir!… Y así pase el día de mi cumple…

Esa noche me llevaron al aeropuerto donde volaba a Melbourne. En esta parte del viaje se unió a mí Lola, la novia de un amigo y gran amiga mía también. Después de unos meses en solitario, esta bien hacer un cambio, y además de la grata compañía, viene muy bien para compartir gastos de coche y alojamiento, que aquí es todo clarísimo!!
Sin tiempo de descansar, alquilamos un coche y nos vamos a ver la Great Ocean Road, una carretera que bordea la costa y que tiene unas vistas espectaculares. Aquí ya empezamos a ver koalas y canguros al lado de la carretera. Hay que tener cuidado con los canguros, porque parece ser que se cruzan en el camino inesperadamente y te puedes llevar a alguno por delante… Cuando los tienes cerca se paran y se quedan mirándote, y al cabo de un rato se alejan. Si los sigues los vuelves a tener cerca, y la misma operación: te miran un rato y se van.
Con los koalas no hay peligro… 😉
Se nos hizo de noche sin darnos cuenta, y encontrar alojamiento se complicaba. Por suerte fuimos a parar a una casa muy chula, que estaba llena… pero nos recomendó otro alojamiento y llamo para reservarnos la habitación. El sitio ideal, con un jardín precioso y muy trabajado, y la señora que lo atendía era muy amable.  Aparte de la jardinería, que se ve que era su profesión, también hacía un montón de mermeladas diferentes, las cuales probamos en el desayuno. Buenísimas!! Entre ella y el marido atendían toda la propiedad, que era bastante grande, y aunque solo había dos habitaciones, el trabajo fuera era cuantioso, ya que también tenían plantadas frutas y verduras en varios viveros, y criaban patos y pollos. Vamos, un faenón!
La señora quería presentarnos a sus dos perros, dos galgos que había rescatado de las carreras. Fue curioso como nos lo pidió, algo así como: tenéis algún problema con los animales? Si me lo permitís, hay alguien que quiere conoceros… Y nos llevo a la cocina y los llamo para que vinieran a saludarnos. Eran muy tranquilos y buenos  y aunque estaban bien  como la raza es así, que parecen muertos de hambre, y la historia que traían, daban un poco de lástima…

Esa noche fuimos al pub local a cenar. Era muy típico, diría yo: aparte de la decoración del sitio, había un tipo con barba jugando al billar que era para foto, y se la hice, claro… Luego nos pusimos a jugar nosotros, y uno de los tipos locales, viendo que no era el fuerte de mi amiga, se metió en la partida e hicimos amistad. Con él y con el resto del bar! La verdad es que la gente en general es muy amable, pero yo creo que más aún en las zonas rurales.

Al día siguiente ya tocaba ver lo mas famoso de la ruta de la costa: Los 12 Apóstoles. Un espectáculo! Son unas formaciones rocosas que se erigen en la orilla de la playa, y que son los restos de la antigua costa que han sobrevivido al bravo oleaje y resisten la erosión, que va ganando terreno poco a poco a la tierra.
Antes y después de ello también había otros puntos de visita muy bonitos, de similares características. Algo se puede ver en las fotos…

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