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Costa Rica I

Primera semana en Costa Rica.
He estado en un hotelito de montaña, en medio de la selva, aislado de casi todo, paseando un poco, disfrutando del paisaje y la lluvia pasajera, y donde he sido prácticamente el único huésped y me he sentido como en casa. Doña Rosalba me ha tratado estupendamente. Bueno, la verdad que todos: su marido, empleados, y hasta los huéspedes con los que coincidí solo la noche de mi llegada, y la policía que nos visito una tarde. Todos muy amables y aconsejándome lugares a donde ir y ofreciéndose a ayudar en lo que fuera necesario. Así que por ahora, mucho mejor que lo que me habían contado…
A doña Rosalba le enseñe algunas recetas de España, incluida la paella, aunque ésta en concreto no creo que les salga, y menos sin los ingredientes adecuados… Un día hicimos gazpacho andaluz y salió muy bien y les gustó mucho. Las otras recetas ya me contará como le van…
Ayer hice una excursión que empezaba a caballo y luego seguía subiendo a pie por la jungla hasta llegar a una catarata muy chula. Allí me bañe un buen rato para refrescarme de la sudada y limpiarme la ropa de barro. Y es que la humedad era enorme y encima el terreno estaba muy blando por la lluvia, lo cual dificultó la marcha un poco. Así que me metí en el agua con toda la ropa! Total, ya estaba empapada… Ni que decir tiene que me sentó de maravilla. Que a gusto estaba bajo la cascada! Y que paz, el guía y yo solos, disfrutando de aquel rincón paradisiaco! Estábamos relajados, observando la escena y escuchando el sonido del agua impactando en las rocas y la poza, y siguiendo su curso montaña abajo en forma de alegre riachuelo. Era un ensimismamiento hipnótico, catártico… hasta simbiótico. Luego hablamos un poco de la vida, y de su vida, y de sus penas y sus glorias, que de todo había. Lo bueno era que se le veía en paz y siguiendo adelante.
Después de reponer brevemente las fuerzas con algo de comida y bebida seguimos el camino de vuelta hasta los caballos. Al rato ya estaba como antes de llegar a la catarata: empapado de sudor y embarrado… En el recorrido vimos un mono, una serpiente, huellas de tapir (mejor no tropezarse con uno, embisten y son peligrosos…), y unas hermosas mariposas azules muy grandes, aparte de aves varias. Aunque para aves, las que me acompañaban cada día en el comedor: un tucán joven que rescataron, e infinidad de colibrís! Estos tenían un abrevadero de agua a un metro de las mesas, así que los pude ver muy bien, porque aquí paraban un poco, que en vuelo no ves nada!… Aunque podían beber como unos cinco al mismo tiempo, había peleas y persecuciones de los dominantes a los otros y no les dejaban beber, aunque al final bebían todos, intranquilos, eso si, mirando de reojo si volvían los machos alfa… Y que velocidad de movimientos! Y las alas, ni se veían… Uno, el pobre, se estrelló contra la luna lateral de un coche estacionado, y lo cogimos ya muerto por el impacto. Lo sostuve en mi mano, era diminuto, como un dedo de grande, y ligero como el algodón; apenas notaba su peso en mi palma…
Volviendo a ayer, me cayó un rayo a unos cien metros, pegando un castañazo tremendo. Que susto me dio el maldito!…
Ahora sigo camino, aun queda mucho por ver…

(Fotos de móvil, ya pondré las de cámara…)

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